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Lo que perdemos cuando dejamos de dibujar

Lo que perdemos cuando dejamos de dibujar

¿Por qué en cuanto tenemos capacidad para sujetar un lápiz comenzamos a dibujar, y a medida que maduramos abandonamos este modo de expresión? ¿Es bueno mantenerlo? ¿Cómo se puede conseguir?

El dibujo ha sido y es para el ser humano una forma de expresar sus pensamientos. Además, como manifestación artística, ayuda al equilibro entre razón y emoción, y es un medio para la trasmisión de conocimiento.

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Cuando dibujan, los niños y niñas utilizan sus experiencias para crear elementos que les sirven para comunicarse y entender el mundo que les rodea.

Es común ver a los niños de edad más temprana dedicar tiempo y entusiasmo al dibujo libre o al dibujo orientado por el adulto, ya bien sea en el aula o en casa. En esa época los niños abren su mente y su imaginación, trabajan destrezas motoras, sobre todo la motricidad fina, y además consiguen plasmar sus pensamientos, ideas, ilusiones, miedos, etc.

Las etapas del dibujo

Entre los dos y los cuatro años, los niños y niñas empiezan con el garabateo, en el que hay un trabajo motor que enlaza la mano, el codo y el hombro y del que se obtienen unos trazos sin intención que van evolucionando con el paso del tiempo. Sobre los cuatro años las figuras que dibujan empiezan a ser reconocibles y ahí comienza la intencionalidad.

La etapa del garabateo es muy importante, aunque no lo parezca. Hay que dejar que los niños dibujen, sin interrumpir, sobre todo si vemos que están disfrutando. Es un primer paso para que acabe resultando una actividad placentera en un futuro.

Los adultos tendemos a buscar la perfección: cuando participamos en este momento con nuestros hijos queremos ayudarles a que el resultado tenga sentido. Sin embargo, no es una necesidad del menor sino del adulto.

En los primeros momentos el niño intenta disfrutar con el trazo, sin tener coordinación oculomanual, y poco a poco este trazo se va definiendo y se coordina la relación entre mano y mirada.

Etapa esquemática y relación espacial

De los cuatro a los siete años, los niños ya representan en sus dibujos ideas y elementos que observan con más definición. A partir de los siete años, aproximadamente, los niños pasan a una etapa más esquemática. Por ejemplo, ya dibujan detalles del cuerpo humano y poco a poco estos detalles se van perfeccionando, al igual que los trazos, que aumentan el realismo del dibujo.

En esta etapa el menor se da cuenta de que existen relaciones espaciales entre objetos y que estos no están aislados. Posteriormente se incluyen también las relaciones temporales en un mismo papel, representado por un orden de sucesión de eventos.

A partir de los siete años, muchos niños y niñas entran en una etapa de menor interés por el dibujo. Para fomentar que sigan practicando esta actividad, necesitamos crear un espacio óptimo para ello. Dentro de este espacio se requiere tiempo y evitar los prejuicios. También contribuye una participación activa del entorno familiar y escolar.

A partir de secundaria: ¿demasiado rígido?

Cuando los niños y niñas pasan a la Educación Secundaria Obligatoria, las asignaturas relacionadas con el arte requieren de mayor precisión, técnica y seguimiento de instrucciones, un ambiente muy diferente al de la educación infantil o primaria.

Por otro lado, la familia suele abandonar el apoyo hacia este tipo de actividades, sobre todo en los casos en los que las madres y padres no dedican parte de su tiempo libre a temas artísticos. Esto hace que los estudiantes dediquen más tiempo al apoyo de las asignaturas consideradas más difíciles de adquirir.

Un aporte indispensable

El dibujo, como parte de la expresión plástica, aporta tantos beneficios para la educación de los niños que debería convertirse en indispensable. Cuando un menor dibuja, está trabajando la grafomotricidad, la creatividad, la escritura, la confianza y también su forma de expresarse, algo que implica una madurez emocional.

Es tan importante que los psicólogos los utilizan para evaluar el estado emocional de los niños, observando la espontaneidad, el uso de los colores, y el modo en el que están organizados los elementos sobre el papel.

La imaginación es fundamental para lograr una mayor capacidad de resolución de problemas en la edad adulta. El dibujo fomenta la imaginación y también la relación con el entorno y con el mundo adulto.

¿Artes o ciencias?

En el sistema educativo actual separa a partir de la adolescencia la rama artística y la rama de las ciencias. Por lo tanto, ya desde el inicio estamos diciendo a los menores que la expresión plástica y el estudio científico no tienen ninguna relación.

Pero el dibujo es también una manera de entender el entorno y de transmitir información científica. No sólo en las ciencias es fundamental el dibujo: también lo es en las lenguas y las relaciones sociales, etc.

El uso del dibujo de un modo más transversal ayudaría a los niños y niñas a entender gran parte de los conceptos vistos en otros campos teóricos y a interiorizar que la expresión artística es un punto en común del conocimiento y no un punto y aparte.

¿Porque dejan los niños de dibujar?

Aunque no existe una razón única y precisa, sí podemos hacernos una idea de por qué, a medida que crecen, los niños abandonan el dibujo y dejan de sentir placer al dibujar. Por una parte, los niños más pequeños necesitan modos de comunicación no verbal, en el que poder expresarse y una de estas herramientas es el dibujo. Poco a poco, los niños y niñas aprenden a hablar, escribir y leer, y por lo tanto a comunicarse con el mundo en general por otras vías.

A esto le añadimos el hecho de que la organización del sistema educativo separa las áreas de modo abrupto y más a medida que avanza la edad. Así nos quedamos, por una parte, con adolescentes a los que no les gusta dibujar, sienten que no se les da bien, o simplemente tienen otros intereses. Y por otra parte, nos encontramos a adolescentes a los que les gusta, les divierte y nunca han dejado de hacerlo.

Entre ambos extremos podríamos encontrar una práctica del dibujo relajada sin normas excesivas. En los centros educativos y sobre todo por parte de las familias se puede dedicar tiempo, apoyo y halagos cuando se requieren.

Conocer los beneficios del dibujo en la vida del niño y del adulto, al igual que otras expresiones artísticas como la música, ayudan a familias y escuelas a entender la importancia de estas prácticas. Las alternativas de actividades extraescolares o de tiempo libre pueden convertirse en una opción de inmersión hacia esta actividad.

Fomentar el dibujo, como cualquier otro modo de expresión artística, es sinónimo de aportar herramientas a los niños y niñas para que se expresen y entiendan el mundo, tengan la edad que tengan.

Ana Isabel Agustí López, Coordinadora del Master en Formación del Profesorado., Universidad Internacional de Valencia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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