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Ejercicio físico: una forma estimulante y efectiva de decir adiós al tabaco

Ejercicio físico: una forma estimulante y efectiva de decir adiós al tabaco

Un proyecto pionero realizado en la Universidad de Oviedo demuestra que el ejercicio físico es una excelente estrategia para evitar los síntomas del síndrome de abstinencia y abandonar el tabaquismo.

Para muchos consumidores de cigarrillos, dejar de fumar (o al menos, reducir el número de cigarrillos) es un eterno buen propósito que no termina de materializarse. Su preocupación está más que justificada: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 8 millones de personas fallecen al año en todo el mundo por causas relacionadas con el tabaquismo. En España, por ejemplo, causa alrededor de 60 000 muertes anuales.

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Es normal que tanto políticos como instituciones sanitarias estén haciendo esfuerzos y llevando a cabo diversas acciones (declaración End Game, reformas legislativas…) para luchar contra el tabaquismo.

Dejar de fumar es posible si sabemos cómo

Aunque la mayoría de las personas dejan de fumar por sí solas (lo que se denomina autocambio), existen alternativas eficaces para quienes no lo consiguen sin ayuda. Entre ellas, destacan el tratamiento farmacológico y la terapia psicológica cognitivo-conductual.

Pero, además, las personas sedentarias se pueden beneficiar de intervenciones psicológicas que, llevadas a cabo por profesionales, aborden diversas circunstancias del fumador como la ansiedad, el estrés y el manejo del peso.

En este punto, el ejercicio físico no solo beneficia a nuestro desarrollo físico y psíquico, sino que también nos ayuda a crear hábitos de vida saludables. Concretamente, su práctica fomenta la capacidad de atenuar los síntomas del síndrome de abstinencia: falta de energía, ansiedad, irritabilidad, pérdida de concentración, urgencia por fumar, síntomas de ansiedad y bajo estado de ánimo.

Todos estos factores están asociados a mayores dificultades para dejar el tabaco y una mayor probabilidad de recaer en el caso de que se haya logrado estar un tiempo sin fumar.

También hay que tener en cuenta que la actividad física, sobre todo si resulta placentera, normalmente es una excelente estrategia para ocupar el tiempo libre de una forma incompatible o competitiva con la conducta de fumar.

Basta con 20 minutos al día

A menudo, la palabra ejercicio evoca palabras como “gimnasio”, “falta de tiempo”, “pereza”, “hábito»… Pero no se trata de correr una maratón. Basta con reservar algo más de 20 minutos cada día para caminar a paso ligero, realizar actividad física (aérobica) o entrenar la fuerza muscular usando nuestro propio peso o un peso apropiado a nuestra condición física.

En el caso de los fumadores, sabemos que el porcentaje de quienes no cumplen con las recomendaciones acerca de los niveles de actividad física saludables (10 000 pasos diarios y al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, según la OMS) es mayor que en la población no fumadora.

Además, en el caso de las personas que se ejercitan habitualmente y son fumadoras, se registra un descenso del número de cigarrillos fumados por día.

Con ayuda de la tecnología

En los últimos años, los tratamientos para dejar de fumar incluyen el uso de las tecnologías. Es lo que se conoce como e-Salud, un campo amplio en el que se ha popularizado especialmente el uso de dispositivos móviles.

En el Grupo de Conductas Adictivas de la Universidad de Oviedo, donde desempeñamos nuestra labor investigadora y clínica ofreciendo tratamiento psicológico para dejar de fumar, se está desarrollando uno de los estudios pioneros en este ámbito de intervención en España.

Hasta el momento, casi 80 personas han recibido tratamiento en nuestra unidad, siendo el porcentaje del éxito –es decir, el abandono total del hábito– de más del 60 % al cabo de 6 semanas. Además, el 100 % de las personas reducen su consumo hasta una media de 11 cigarrillos diarios.

En este tratamiento, y otros similares, el uso de pulseras o relojes de actividad hace que aumente el promedio de tiempo dedicado a realizar actividad física de intensidad moderada a vigorosa, lo que incrementa la probabilidad de dejar de fumar. Detrás de su efectividad se encuentra:

  • El consejo y supervisión de un profesional sanitario.

  • El establecimiento de metas de ejercicio semanales.

  • La posibilidad de monitorizar el tipo y tiempo de actividad.

  • La combinación con la terapia psicológica en formato grupal.

Por una vida más saludable y sin humo

No nos gustaría terminar este artículo sin animar a las personas fumadoras a que digan adiós al tabaco, ya sea por su cuenta o con el apoyo de un tratamiento probado científicamente. Nuestra experiencia como terapeutas nos dice que no se van a arrepentir.


Aquellos lectores que residan en el Principado de Asturias pueden beneficiarse del tratamiento psicológico que se oferta en la Universidad de Oviedo. Al estar enmarcado en un proyecto de investigación, no tiene coste alguno. Los interesados pueden ampliar información o solicitar tratamiento psicológico para dejar de fumar llamando al teléfono 985 10 41 89 o mediante correo electrónico (grupoca@uniovi.es).


Ignacio Cuesta López, Psicólogo. Investigador en el campo de las conductas adictivas, Universidad de Oviedo; Alba González-Roz, Profesora Ayudante Doctora, Universidad de Oviedo y Roberto Secades Villa, Chair professor, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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